La Ardilla

El cagadón fue mio por haber largado a Gervasia entre los escombros. Eso lo supe tiempo despues, cuando los roedores se contaban por decenas y sus soretes decoraban todas las estanterias y alacenas de la casa.

La cosa empezó allá por junio cuando pipini aparecio con una enorme caja que apenas abarcaban sus bracitos y una sonrisa irresistible, mezcla de ternura y picardia: “mira lo que te traje tio, es tu regalo, me costo cincuenta y ocho pesos” dijo, dejando bien en claro que habia sacrificado su chanchito por mi cumpleaños.

La caja contenia una pequeña pecera de vidrio, una botellita “bebedero”, una rueda de ejercicio y por supuesto “la ardilla”.

El bicho, lejos de parecerse a las simpaticas ardillitas de los dibujos animados, era una laucha flaca e insulsa de color marron clarito, sin ninguna gracia para nada. No giraba en la rueda, no saltaba, no trepaba, no hacia nada. Solo rascaba incesantemente el vidrio de la pecera, comia, cagaba, y otra vez a rascar el vidrio y asi todo el día. Y lo peor, toda la noche.

Asi que ahí estaba yo el dia de mi cumpleaños, con el bicho en la mano, tratando de disimular mi cara de pelota pinchada, para no lastimar la ilusion de una niña de seis años.

Debo aclarar que pasado un mes de tener el bicho y cuando ya se lo habia presentado como ardilla a todas y cada una de las personas que visitaban mi casa, descubrí por casualidad, boludiando en gugle, que no se trataba de una ardilla sino de un jerbo, que es una especie de roedor que vive en el desierto y si bien es de la familia de las ardillas se parece mas a una laucha que a otra cosa.

La cuestion es que Gervacia (asi bautizamos a la bicha) me lleno las bolas mucho antes de que se terminara el invierno. No solo porque debia limpiar su caja diariamente (la bicha era una ametralladora de soretes) sino porque, como dije antes, se pasaba horas enteras rascando las paredes de la jaula generando un chirrido insoportable al raspar sus diminutas uñas contra el vidrio, lo cual para una persona con amplio historial en insomnio, en el silencio de la noche, llegaba a parecerse demasiado a una tortura china.

La idea estaba en mi cabeza desde el mismo día que Gervasia llego a casa. Yo nunca pude tener un animal encerrado. De chico me ligué mas de una paliza por soltar los pajaritos de las jaulas de los vecinos. Y de grande continue con la misma costumbre. La de soltar pajaritos. (Tambien sigo ligando palizas, aunque ahora por otros motivos)

Siempre hay alguien que te abre el paraguas despues de que te hiciste sopa. Odio a esa gente.

Corina dijo: “Como vas a soltar un Jerbo, no ves que se puede cruzar con otro roedor, crear una especie nueva y colonizar la zona. En poco tiempo tendrias una plaga incontrolable”.

Corina es amiga de mi mujer y es veterinaria, trabaja en el zoologico de Mendoza y da clases en la universidad. Sabe lo que dice. Deberia hacerle caso pero, pequeño detalle, ¡al Jerbo ya lo liberé! Tarde piaste pajarito.

Fue con los primeros soles de la primavera, en la montaña de escombros que hay en el rincon del patio, bajo la mora. A pipini le dije que se habia escapado, pero que estaba bien y que se habia puesto de novia con una lauchita. Quedó contenta.

Las probabilidades de que ese bicho del demonio sobreviviera eran escasas, mas teniendo en cuenta que: aun hacia frio, que se trataba de un animal criado en cautiverio y que los gatos del vecino tenian mas hambre que los pacientes de Cormillot.

Cuando el vecino me dijo que se le habia llenado el galpón de lauchas yo me hice el boludo como perro que meó el asado. Tambien me hice el distraido cuando mi mujer se empezó a quejar de que encontraba cagaditas por todos lados. “Como las de la ardillita, te acordas” dijo la muy pelotuda.

Ahora son las tres de la mañana. Hace dos noches que no duermo. Acabo de preparar quince trampas de resorte. Me aprete el dedo cinco veces (Siempre el mismo dedo) y puteé en ocho idiomas diferentes.

El veneno no dio resultado así que espero con estas trampas ponerle fin al problema. No por las quejas de los vecinos, eso no me importa. Tampoco las cagadas o que se hallan comido mi colección de revistas Muy Interesante (no eran tan interesantes), solo quiero poder dormir en silencio, sin oir ese chirrido espeluznante y sin pensar, de una vez por todas, en esas miles de uñitas raspando contra el vidrio.

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Acerca de júlian

Nacido y criado en Baradero (Bs As), macho (dijo la partera), 34 años bien puestos (tengo todos los dientes y todos los pelos), hincha de independiente, de sportivo y de la renga, casi casado y casi con hijos (multitud de sobrinos), ingenuo, soñador y en firme determinacion de no abandonar la adolescencia. Ver todas las entradas de júlian

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