El meteorito

Cuando ocurrió lo del meteorito yo tenía doce años recién cumplidos. Recuerdo que estaba en la sala haciendo los deberes cuando un silbido ensordecedor nos estremeció de tal manera que de un salto me zambullí debajo del sofá (nunca me había destacado por valiente) mientras mi padre, que por ese entonces era aficionado al resero blanco, gritaba empuñando el trabuco inservible que le había regalado el abuelo:

¡Nos atacan, nos atacan, los rojos nos atacan!

Nunca supe a que se refería mi viejo con los “rojos”. Tampoco recuerdo si fue por la pastillita que me daban por hablar solo, por la asfixia que me provocaba el polvo que cubría toda la casa o simplemente por el tremendo cagazo que tenia. Pero yo al escuchar a mi viejo solo pude pensar en un ejercito de “Bomberos locos” atacándonos enardecidos, “todo un boludo” .

La explosión que sucedió al silbido fue tremenda, la casa entera tembló y los muebles y los libros de las repisas caían como casitas de naipes. Luego de unos minutos, cuando todo se había tranquilizado, salimos al patio para ver que había sucedido. La nube de polvo se estaba disipando y, como a través de un vidrio sucio, pude ver que, donde antes estaba la cucha del bobi había un cráter de unos cinco metros de profundidad.

La situación era por demás extraña, mi padre seguía insistiendo con un ataque “de los bolches”, mientras algunos vecinos ya empezaban a hablar de un platillo volador, otros decían un asteroide, un aerolito y un montón mas de palabras raras terminadas en “ito” y en “oide” .

Desde el fondo del pozo, una enorme piedra incandescente iluminaba el rostro de todos los curiosos que nos habíamos acercado a mirar. Horas más tarde el lugar se lleno de policías y de tipos con guardapolvo blanco que parecían científicos o algo así. El patio de nuestra casa fue cercado con un alambrado de seguridad y ni siquiera nosotros, los dueños, podíamos pasar.

Al bobi no lo volví a ver más.

Pocos días después el barrio había vuelto a la normalidad, la bola incandescente había sido retirada en un camión del gobierno sin dar explicaciones, y pronto todo pasó a ser solo una anécdota para contar en fiestas familiares.

Pero no era sobre el meteorito lo que quería contarles sino lo que sucedió después.

Resulta que a mi viejo se le ocurrió la brillante idea, para aprovechar el agujero, de construir una pileta de natación. Así es que un mes antes de que empezara el verano el cráter se transformó en la piscina más grande del barrio, y por supuesto, yo pasé de ser el tonto que se ligaba todas las palizas a ser el chico más popular de todos, situación que cambió radicalmente mi vida.

Ese, sin dudas; fue el mejor verano de mi infancia. Los pibes del barrio se peleaban por ganar mi aprecio y, aunque solo les interesaba la piscina, para mí era mágico ver tantos chicos en mi patio.

Al principio mi padre los echaba pero pronto descubrieron que una botella de resero era la llave misma de la felicidad, y de la pileta, por supuesto.

Así fue como yo, un chico flaquito, pecoso y extremadamente pálido, que había crecido jugando al ludo con amigos imaginarios, me había transformado de pronto en el rey de la cuadra.

Pero no era sobre la piscina de lo que quería hablarles, ni siquiera del millón de amigos que había logrado reunir, sino de alguien en particular: Guille, un rubio grandote, el matón del barrio y el causante de mis mas terroríficas pesadillas, que se había transformado de golpe, prácticamente en mi guardaespaldas personal, aunque no era de el de quien quería contarles sino de su prima Sofía.

El día que Guille llegó a mi casa con Sofía comprendí que el meteorito había sido un verdadero regalo del cielo. Sofía era la cosa más hermosa que había visto en mi vida. Su pelo dorado eclipsaba al sol de enero y sus ojos negros, enormes, podían devorar un universo con cada mirada. ¿Qué decir de su cuerpo? Sofia sintetizaba la perfección y mi curiosidad de un todo por descubrir.

Claro que el culo se me lleno de preguntas cuando Guille me la presentó. Mi lengua quedó en punto muerto y solo atiné a decir “oggga” mientras sacudía la manito como un teletubi. Pasé de ser rey a un bufón en cuestión de segundos.

Con el correr de los días pude revertir esa pésima primera impresión y logré entablar una linda amistad con Sofía, situación que me permitió entrar en su casa y esto si es de lo que quería hablarles:

Como les había dicho, Sofía era la expresión misma de la belleza pero lo que yo no sabía era que su madre, Mónica, era la portadora de las tetas mas grandes que un ex-lactante pudiera desear, y a esto había que sumarle que ella era bien consiente de lo que provocaba y por lo tanto gustaba usar unos escotes asesinos que eran el adelanto de la película que yo ya me había hecho.

En ese tiempo yo era virgen de toda virginidad y toda mi experiencia sexual se resumía a un revista “Destape” que mi viejo guardaba detrás de la pila de sus pulloveres.

Los días posteriores pasaron sin demasiadas novedades, conmigo todo el día en casa de Sofía pero pasando mas tiempo con su madre que con ella. La seguía para todos lados, le cebaba mates, le hacia los mandados y hasta la ayudaba con sus plantas en el patio y por supuesto, no perdía la oportunidad de zambullir mis ojos en la profundidad de su escote cada vez que podía..

El día “d” fue el sábado 1 de febrero, a las dos de la tarde.

Por alguna razón extrasensorial que sólo los cobardes poseemos, ese día, al llegar a casa de Sofia, me temblaban las rodillitas como a un pollito bebé, el corazón parecía explotar y la sangre corría carreras por mis venas. Todo me indicaba que algo raro iba a suceder.

Mónica asomó la cabeza y dijo:

Sos vos, pasá te estaba esperando.

Monica estaba vestida con una bata de seda que apenas cubría su ropa interior. La seguí hasta el comedor mientras mi corazón derrapaba en las curvas que se adivinaban bajo la seda. Mi cuerpo estaba experimentando sensaciones para las cuales aún no estaba preparado.

—¿Y soooofiiiiaaaa?pregunté y mi voz sonó como la del gallo Claudio…

—No está respondió sonriente.

Quería correr, huir de ese lugar y de esa mujer, deseaba estar en la pileta con los chicos o en la seguridad de mi habitación jugando al ludo con mi amigo imaginario, pero ahí estaba inmóvil, con las piernas amotinadas frente a una mujer semi desnuda sin saber como reaccionar.

—Bu… bueno nnn… tonces mm…me voy tartamudeé

—No dijode acá no te vas, yo sé porque viniste. Yo sé porqué viniste todos los días desde que la conoces a Sofi. Vos venís por esto.

Con un solo movimiento desató el cinturón de seda que unía las partes del camisón permitiendo que este se abriera como el telón de un teatro al que hasta este momento siempre había tenido prohibida la entrada.

La seda resbaló lentamente por sus hombros y en ese preciso momento, como no ocurrió cuando el meteorito golpeó mi patio, ni como cuando estrenamos la pileta, ni como aquel día de sol cuando sofia salio del agua como una sirena escapada de un cuento de hadas, el mundo se detuvo ante mi vista y la imagen se fundió en mis retinas como un tatuaje de fuego.

Mónica se tapo con las manos y dijo:

—Espero que ya estés conforme y dejes de seguirme para todos lados.

Me fui sin decir palabra caminando lentamente las doce cuadras que me separaban de mi casa. Recuerdo que en el camino me encontré con Guille y otros chicos que me invitaron a jugar a la pelota. Dije que no, les pregunté por sofia y salí a buscarla.

Con mis doce años recién estrenados aun tenía todo por descubrir.

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Acerca de júlian

Nacido y criado en Baradero (Bs As), macho (dijo la partera), 34 años bien puestos (tengo todos los dientes y todos los pelos), hincha de independiente, de sportivo y de la renga, casi casado y casi con hijos (multitud de sobrinos), ingenuo, soñador y en firme determinacion de no abandonar la adolescencia. Ver todas las entradas de júlian

2 responses to “El meteorito

  • Rody

    Muy bueno Juli.
    Lograste hacerme parte de cada uno de los sucesos que describis… excepto de la pileta que como no expresas lo contrario, me la imagino de barro.
    Un abrazo

  • Anónimo

    eramos tan pobres que la pile era de barro!!!! tenes razon pero si me ponia a aclarar detalles la termino “embarrando”…

    gracias Rody por pasar siempre por acá

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